Cae la noche...
un gran silencio cubre mi habitación.
Estoy sola en mi cama
y la situación es comparable
a un inmenso desierto sin oasis.
Tu ausencia me cala hasta los huesos
y el intenso frio despierta los recuerdos.
Recuerdo tus besos y nuestras lenguas jugando
el exquisito placer que sentía
al morder tus labios...
En mi nariz se encuentra impregnado
tu aroma de hombre y la mezcla de sudor y sexo...
un gran silencio cubre mi habitación.
Estoy sola en mi cama
y la situación es comparable
a un inmenso desierto sin oasis.
Tu ausencia me cala hasta los huesos
y el intenso frio despierta los recuerdos.
Recuerdo tus besos y nuestras lenguas jugando
el exquisito placer que sentía
al morder tus labios...
En mi nariz se encuentra impregnado
tu aroma de hombre y la mezcla de sudor y sexo...
Aún escucho tu respirar y tu aliento
y sin querer mis manos delinean
el espacio que cubría tu cuerpo
en este lugar vacio...
Me estremezco al recordar tu cuerpo sobre el mío,
sentir tu virilidad dentro de mi...
-Cabalgar sobre mi, cabalgar sobre ti-
Tengo grabado en mis ojos los tuyos
y tu piel en mi piel.
Hoy, no tengo tu cuerpo
pero el recuerdo nadie me lo quita.
y sin querer mis manos delinean
el espacio que cubría tu cuerpo
en este lugar vacio...
Me estremezco al recordar tu cuerpo sobre el mío,
sentir tu virilidad dentro de mi...
-Cabalgar sobre mi, cabalgar sobre ti-
Tengo grabado en mis ojos los tuyos
y tu piel en mi piel.
Hoy, no tengo tu cuerpo
pero el recuerdo nadie me lo quita.
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Poema escrito en
1999 por Esmeralda
García,
psicóloga y lectora
del Círculo.
Texto leído directamente
en su cuaderno de
poemas en la Sesión 8.