En el cine Nacional


Ella sonrió dulcemente, era la primera vez que la veía, mi mente me impulsaba a seguirla; caminaba por las calles del centro de la ciudad, me sorprendí al ver que la mujer de muslos blancos y una minifalda negra se detenía justo en la entrada del cine nacional, yo siempre me detenía a observar los grandes carteles de mujeres desnudas, pero nunca me atreví a entrar. Nervioso cerraba los ojos hasta que ella tomó mi mano y sin darme cuenta estábamos ya dentro de aquella gran sala. Los gemidos del sonido de la película me pusieron más nervioso, ella me calma con una dulce voz -tranquilo chiquito, solo disfruta el paseo- las primeras butacas hacían ver que casi estábamos solos, después de acomodarnos se inclinó y pude sentir sus labios suaves y húmedos, en la oscuridad su aroma dulce y suave me excitaba cada vez más,  mi reflejo me impulso a tomarla del cuello y meterle la lengua entre sus labios, -así chiquito, así- empezó a acariciarme ahora mi cuello con sus dedos delgados, poco a poco bajaron hasta encontrarse con los botones de mi camisa desabrochándola con una maestría que no sentí el frío. El calor comenzó a invadir mi cuerpo, metí mi mano por el escote de la blusa de seda, acaricié sus jugosos senos y pellizcaba sus pezones. Ella se prestaba a mis movimientos y yo buscaba ya su pubis, deseaba arrodillarme y ensalivar sus muslos hasta sentir la tela de la tanga, lo hice después de pasar mi lengua sobre sus pechos grandes y calientes, llegué hasta su vientre y al llegar a sus muslos, me suplicaba que no me detuviera; su respiración fuerte, sus gemidos y su aliento me provocaban tal excitación que no me importó que nos observaran y en un arranque me saqué mi verga y ella se inclinó y la llevó a su boca, terminé sobre sus pechos ya desnudos totalmente, yo respiraba muy aprisa mientras ella terminaba de limpiar mi pene con su lengua. Salió sin importarle las miradas de lujuria de los pocos asistentes al cine. Me dirigí a la salida temblando aún de la emoción,  entré al centro comercial, solicité mi mochila en la paquetería, me dirigí al baño para cambiarme, salí ya con mi uniforme de la secundaría, sonriente recorrí las calles recordando el olor a frambuesas de los labios de Eliza mi novia de la secu.   

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Texto de Israel Soberanes M.promotor cultural 
y lector del Círculo, presentando este relato en la Sesión 6.